En ella, Sutter nos traslada al peculiar universo de una banda ilegal de moteros californiana, a través de todo un drama shakespeareano, un Hamlet moderno, que revisa con talento las obsesiones de los dramas clásicos: la familia, el honor, el poder, la sangre, la traición, la tentación, la culpa... todo ello, eso si, en el desierto y con una cuidada banda sonora y contando con personajes que no desentonarían junto a la retorcida señora de Macbeth: Gemma Teller Morrow interpretada por la gran Katey Sagal (Matrimonio con hijos), el presidente Clay (Ron Pearlman, el inconfundible gigantón de La ciudad de los niños perdidos), el mismísimo Danny Trejo o el protagonista guaperas, Jax Teller (Charlie Hunnam), sueño de toda niña en busca de malotes. Incluso el propio Sutter interpreta uno de los personajes más duros de la serie, Otto.En efecto, los "Sons of Anarchy" son un club de moteros, de los de chupa de cuero y Harley, que tras las puertas de su taller esconden negocios bastante turbios. Son los SAMCRO (Son of Anarchy Motorcycle Club, Redwood Original). Su negocio principal es el tráfico de armas y, entre sus enemigos, cuentan con otros grupos de moteros, fuerzas de la ley y alguno que otro de neonazis. Aunque criminales como los que más, se consideran los protectores del pueblo y no permiten que nada ni nadie rompa la paz allí. Unos auténticos chicos malos, gente cuyas noches apestan a alcohol y están rodeadas de mujeres de vestidos cortos que no paran de fumar y que no teme una buena pelea con los puños manchados de sangre y si es necesario pegar un navajazo o dar un par de tiros a sangre fría. No encontraremos en ella a unos buenos muy buenos o ni tan siquiera incomprendidos, sino a una lucha entre lo correcto y lo erróneo dentro de cada personaje y de sus propios principios.
Si bien es cierto que en Sons of Anarchy, sus seguidores tenemos en ocasiones que tragar con los excesos de su salvaje e impredecible narración, con que alguna trama no funciona tan bien como se esperaba, con una curva cerrada que los guionistas sortean de forma inverosímil o alguna de estas pasadas de frenada de Kurt Sutter, esto viene a demostrar que Sons of Anarchy nunca es sencilla y tiende siempre al giro brusco, a la sorpresa manipuladora y artificiosa y al juego en el límite de lo aceptable. Tal vez por eso, porque nadie puede adivinar la siguiente e irreal ocurrencia de sus escritores, la serie es, aunque incongruente, increíblemente adictiva. Todo esto hace de Sons of Anarchy, si no una gran serie, por lo menos una distinta a la mayoría, con su propio concepto, su propio ambiente y su propio carisma. Una serie de extremos capaz de mostrar su mejor y su peor cara en una misma escena. Intensa, compleja y nada complaciente. No recomendada para todos los públicos, pero ni falta que hace.
Autora: Irene Vega




